Hace mucho tiempo, cuando estudiaba teología, empecé a darme cuenta que las distintas religiones y espiritualidades buscaban lo mismo, es decir, la felicidad, la vida plena, la bondad y el amor. En aquel entonces, se suponía que yo debería creer que sólo la religión que estaba estudiando ofrecía el camino correcto, que era la única vía que nos conducía a la plenitud.
La mayoría de las personas crecen en una familia que ha hecho la opción por una fe específica y en ella educan a sus hijos. Yo tuve la suerte de crecer en una familia atea, lo que me dio la oportunidad de hacer mis propias opciones, de empezar desde cero y atreverme a aprender con toda la inocencia de que los ignorantes somos capaces. Me entusiasmó saber que existía un Hijo de Dios, que me amaba incondicionalmente. Me pareció que valía la pena dedicar mi vida a contarle a otros esta maravilla. Fue así cómo me encontré estudiando teología.
Sin embargo, pronto me empecé a dar cuenta que podía encontrar personas maravillosas e inspiradoras que provenían de las más diversas religiones y espiritualidades. Tuve que reconocer que es la medida del amor de cada uno lo que define nuestro valor. Entré en crisis con el tema de la religión y del camino que lleva a Dios a la realización más plena. Al poco tiempo ya tenía claro que Dios en su magnificencia es capaz de ofrecernos a cada uno su propio camino de autodescubrimiento, que de mil maneras nos invita a crecer en nuestra capacidad de amar y que puede soñar, junto a nosotros, nuestro propio despertar a la felicidad.
Con el tiempo he encontrado mi camino, la senda en que me encuentro con mi maestro interior y aprendo. Aprendo a amarme y a amar a los demás, a vivir en la felicidad plena, en la abundancia y en la gratitud. Se que muchos otros han buscado sus propios caminos y que han llegado muy lejos. Pero también se que han muchos más que necesitan ayuda para encontrar su camino de realización y amor. Se que hay miles que piden orientación para sus vidas, que conocen las verdades que todos conocemos, pero que no saben cómo ponerlas en práctica.
La Senda Omana es mi senda, el camino que he construido y recorrido y que ahora pongo a disposición de todos y todas quienes buscan y desean una vida mejor, más plena, más feliz, con más alegría y amor.
Muchos caminos nos llevan a descubrir a dios en nuestras vidas y en alguna parte nos encontramos. No importa cual religión profesas o si no adhieres a ninguna, si tu búsqueda es honesta, eres bienvenido, eres bienvenida, a caminar con nosotros y aprender a amarte y a ser feliz, tan feliz como quieras imaginar o puedas soñar.
En La Senda Omana sabemos cómo lograr conectarte con tu Maestro Interior y hacerte florecer en el amor.
Has aprendido a vivir de una manera que es adecuada para la sociedad, pero que te ahora, te divide y te aparte de tu verdadera naturaleza. Es importante la intención de ser verdaderos, pero no basta. Necesitas volver a la fuente de la vida y a reconocer tu verdadera naturaleza divina, para que tomes el lugar que, desde la eternidad, te está preparado en la creación.
Por ahora te puedo decir: elige sólo lo que te llena de gozo.Todo lo demás no vale la pena.
Te saluda cariñosamente


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